CÓDIGO DEONTOLÓGICO

Por administrador de fincas se entiende aquella persona que, de forma habitual, como actividad principal o secundaria ejerce, por cuenta de terceros, en calidad de mandatario o intermediario una actividad de gestión de propiedades o de derechos inmobiliarios, o de administración de propiedades inmobiliarias en régimen de copropiedad.

La actividad de administrador de fincas colegiado exige cada vez más rigor, profesionalidad y amplios conocimientos en áreas tan variopintas como el derecho, la fiscalidad, los seguros, la economía, la contabilidad, las técnicas de construcción, la sociología, los mecanismos de financiación, la informática, el urbanismo…

Además estos conocimientos requieren de una puesta al día perpetua mediante la formación continuada.

Dentro del espíritu de la Legislación Única Europea y atendiendo a las responsabilidades que incumben a los profesionales de la administración de fincas desde el punto de vista del papel civil, económico y social que les corresponde a continuación establecemos las bases para un código deontológico que reúne los principios de ética y conducta para estos profesionales y que están contenidos en el LIBRO IX: NORMAS DEONTOLOGICAS (Art. 91 a 102).

TÍTULO 1.- PRINCIPIOS GENERALES

ARTICULO 91º.- Las presentes normas se encaminarán a conformar la actitud de los Administradores de Fincas en el desempeño de su actividad como tales, siendo constitutivas, además, de su código moral profesional en sus relaciones con sus clientes, compañeros y Colegios.

ARTICULO 92º.- Con independencia de la técnica profesional, el Administrador de Fincas tiene que ejercer su actividad con esencial carácter humanista, con una conducta moral profesional intachable, sujeto a los imperativos de la buena fe, la confianza, el respeto y la responsabilidad, anteponiendo los legítimos intereses que tiene encomendados a cualquier otro y, conjugando, en el ejercicio profesional, la ciencia con la conciencia.

ARTICULO 93º.- En el desarrollo de su actividad profesional, el Administrador de Fincas viene obligado a actuar aplicando la técnica profesional y relativa al caso, para lo que atenderá a su permanente y adecuada formación, mediante el estudio y conocimiento de las materias, doctrinas y experiencias imprescindible para el correcto ejercicio profesional.

ARTICULO 94º.- Con independencia de la actuación técnica, el Administrador de Fincas acomodará su actitud profesional a las normas éticas y morales, y a la realidad social y, en cualquier caso, tendrá presente la actuación en conciencia aplicando libre y razonablemente las soluciones más adecuadas a la moral usual, y más respetuosa para los intereses individuales y sociales, y cualesquiera otros que tuviese encomendados.

ARTICULO 95º.- El Administrador de Fincas debe respetar el principio de la ética profesional, y sus actuaciones estarán basadas en la rectitud, la integridad y la honestidad, con una conducta ordenada y sin tacha que no mermen el honor y dignidad profesionales.

ARTICULO 96º.- En su actuación, el Administrador de Fincas debe rechazar cualquier presión o ingerencia ajenas que puedan limitar su libertad profesional y procurar beneficios injustos a unos clientes en perjuicio de otros.

ARTICULO 97º.- El ejercicio de la profesión debe ser prestado personalmente por el titular, sin perjuicio de las colaboraciones y ayudas administrativas para el buen funcionamiento de su despacho. Ningún Administrador de Fincas debe permitir que se use su nombre o servicios profesionales de cualquier modo que haga posible la practica profesional a personas que no estén legalmente autorizadas.

ARTICULO 98º.- El Administrador de Fincas viene obligado a respetar escrupulosamente las Normas Colegiales sobre Honorarios, evitando cualquier tipo de actuación desleal directa o indirecta sobre materia tan importante para la dignidad profesional.

CAPÍTULO 1.- RELACIÓN CON LOS CLIENTES

ARTICULO 99º.- La relación de los Administradores de Fincas con sus clientes debe desarrollarse bajo los principios básicos de la confianza y la buena fe, pudiendo estar regulada mediante un contrato de prestación de servicios.

ARTICULO 100º.- En el desempeño de su cometido profesional, el Administrador de Fincas será diligente, ejecutando puntualmente los trabajos adecuados en cada momento y del mejor modo posible, según la naturaleza del caso y las instrucciones que pudiera haber recibido. Debe guardar secreto de las informaciones que de cualquier forma lleguen a su conocimiento con motivo del encargo profesional, aun después de terminado éste. Viene obligado a dar cuenta de sus operaciones en los bienes que le han sido encomendados profesionalmente y a practicar las liquidaciones y abonar los saldos puntualmente en los períodos convenidos.

ARTICULO 101º.- En la Administración de comunidades, el Administrador procurará mantener la relación y convivencia entre los propietarios, agotando para ello las gestiones y soluciones amistosas, y evitando en cuanto sea posible la aplicación de medidas coactivas.

ARTICULO 102º.- Cuando el Administrador de Fincas cese en la prestación de su servicio profesional, por revocación o renuncia, deberá hacer al cliente entrega de la documentación que obrara en su poder, practicar la liquidación y abonar los saldos que procedieren en su caso en el plazo de quince días a contar desde la aprobación del estado de cuentas, salvo que expresamente se le concediera un plazo mayor. El incumplimiento por parte del Administrador cesado de la obligación determinada anteriormente significará la renuncia a cualquier reclamación profesional con respecto al nuevo Administrador nombrado, el cual deberá hacerse cargo de la administración sin precisar de venia.

PDF Código Deontológico